La escuela secundaria abre sus puertas. Los preadolescentes corren torpemente hacia sus horrendos salones de clase, berrean como animales de carga al momento de la castración, se empujan entre sí con un deseo casi instintivo de asesinar.
Al momento que entran a su aula, pintada de aburrido color gris y con los vidrios rotos, los mocosos enloquecen. Los niños brincan encima de las bancas, gritando incoherencias y comportándose como cerdos. Las niñas platican de nada, y por momentos insultan a la compañerita que llegó maquillada como payaso de circo. Una bolita de escuincles rodean la banca de Edith. Ahora que ya empezaron a salirle los pechos, se ve rodeada por animales en brama, que recién acaban de descubrir sus genitales y se mueren por comenzar a usarlos.
En eso, aparece en la puerta una maestra horrenda, con la mirada perdida y la nariz asquerosamente roja. Su cabello está peinado hacia atrás y está amarrado en una coleta, lo cual resalta su gigantesca frente y su horrible rostro. Los mocosos tardan en notar su presencia y continúan con su infernal comportamiento. La presencia de la profesora es pequeñita, no es capaz de imponer ningún tipo de respeto hacia a nadie.
Cansada de esperar, la horrenda maestra se decide a entrar. Mientras camina hacia su escritorio, comienza a gritar hacia sus alumnos en un intento por lograr su atención. “A ver muchachos, no estamos en el recreo, ya comenzó la cla…”
Antes de terminar su frase, se le tuerce la rodilla e inmediatamente se desploma de nuca en el piso. Sus ojos se ponen en blanco. Los alumnos por fin notan su presencia. Quince minutos después, vuelve en sí. Abre los ojos y ve que los alumnos están rodeándola mientras ella aún se encuentran en el piso, desgreñada y adolorida. Desde su ángulo, los pechos de Edith lucen mucho más grandes.
La profesora, al fin, se pone de pie y se sienta en su escritorio. Todos los alumnos están en silencio (como nunca en su vida) y nada ocurre por un largo tiempo. Finalmente, la profesora rompe el silencio al recargarse en su escritorio y ponerse a llorar. Un alumno intenta acercarse, cuando la horrible profesora levanta su rostro y lelanza una mirada directamente a los ojos, con su narizota roja, su cabello desgreñado y su maquillaje embarrado por toda la cara. Parece un monstruo. El alumno se caga.
-Papá, esa no es una historia de terror, no da miedo.
-Es que no les dije el detalle más importante. Lo que pasa es que… yo soy la maestra horrenda
-¡¡BUAAAAAAAAAAAAAAA!!!